Sigo con la tradición de importar algunas entradas de blogs antiguos. Ésta pertenece a un día bastante surrealista que tuve:
Yo estaba aún dormido en mi camita, calentito, cuando me sonó el teléfono. Manuel decía que tendría que venir a por una maleta de Edgar, pero yo creía que Edgar no vendría hasta el 30, así que ya tenía planes para ayer, que había quedao con mi jefe pa que me pagase y no iba a estar en casa… en fin, tuve que apañármelas para reordenar un poco el asunto y poder darle la maleta, porque le iba a hacer falta. Me llamó el jefé, iba a tardar dos horas más en llegar. Bueno… Cuando llegó la hora, a las siete y media de la tarde, me fui a Plaza de Armas, me senté en la puerta, me encendí un cigarrito y me dispuse a esperar… comenzando así una de esas aventuras surrealistas que cada día son más comunes.
Una vieja sentada a mi lado no dejaba de hablar sola sin parar. No tengo muy claro de qué se quejaba, pero no dejaba de decir “porque mira que eres gilipoyas tio, vete a tomar por culo que hay que ser imbesi, paso de ti, ar carajo, que te den, que te pires…” etc. A mi otro lado, un moro pasaba grifa a los canis, que se le acercaban con la sonrisa de quien ha ido a ver a su abuelo. Esperé y esperé… me mandó un sms con que tardaría al menos un cuarto de hora más -que luego fue media hora- y empecé a ver la fauna que por allí había. Un indigente arrastrando una caja de cartón me empezó a hablar desde lejos, pero no se le oía. Me acerqué a él pidiéndole que repitiera y me pidió un cigarro. Le di uno, y el hombre me respondió “gracias caballero, que el Ejército se lo pague”, a lo que yo respondí “el Ejército es un pestiño, yo soy pacifista” y pa qué… en mala hora me dio por hablar con aquel tio…
Aun no se muy bien como ni por qué pero ese hombre entró en cólera. Empezó a liarla a grito pelao gritando cosas sobre el Ejército, pero se contradecía a sí mismo en cada frase, era imposible saber de qué lado estaba, es como si discutiera consigo mismo, es lo más acojonante que he visto en mi vida, si en mitad de esa conversación me llega a mirar con ojos saltones y a decirme que le de su tesssoroo ni me hubiera extrañao. Pero lo peor no fue eso. Pasaban por allí dos tios vestios de militares, uno incluso tenía medallitas. Y en cuanto los vio aquél tío los llamó, y se enzarzaron en una discusión a la que fueron sumando a gente que por allí pasaba. La vieja del principio vino arrastrándose pa gritarme que era gilipoyas que me fuera al carajo, que ya estaba tardando en irme y que muchas gracias por charlar con ella que era un caballero adorable (¿?¿?¿?) yo estbaa muy quieto sin saber qué decir, el general ese de las medallitas me puso como ejemplo para yo que se qué, “mirad a este hombre por ejemplo, ¿a que usted se ha forjado en el ejército?”, a lo que respondí con un elocuente “……eh……bueno…yo…….” pero a nadie le importaba, ellos seguían discutiendo.
Me aparté del barullo y me fui a sentarme en otro sitio, me encendí otro cigarro y suspiré pensando que la que se había liao… y la vieja se recostó a mis pies, aún con la reaíla infinita de “…porque eres un hijo de puta vete al carajo que no quiero ni verte nunca mas…” etc…, yo decidí convencerme a mí mismo de que estaba solo en el mundo, ahí a mis pies no había nadie, igual que cinco metros más allá, un general y un soldado del Ejército no estaban discutiendo con un indigente con unas veinte personas del público interviniendo cada cierto tiempo. Entoces por la parte derecha de mi radio de visión se asomó una cabeza voladora y dijo “jaaaaa…… jeeeeee….jiji” miré bien en su dirección y bajo la cabeza había un cuerpo, pequeño y regordete, desproporcionado con el tamaño de la cabeza… pero no se podía negar que era un cuerpo. Tenia brazos, tenía que serlo. La cabeza seguía repitiendo la letanía “ja… jeeee… jiiii”, es lo único que decía, mirando fijamente a la vieja, que por su parte seguía poniendo a parir a alguien, esperaba no ser yo ese alguien. La cabeza (y el cuerpo) se acercaron a la vieja y ese extraño ser se sentó a su lado, mirándola embobado, sin dejar de reír de aquella forma tan extraña. Yo ya no sabía dónde me había metido. Paso todos los días dos veces por la estación de plaza de armas, he pasado a todas las horas posibles, y jamás me había encontrao algo como aquello… es como si dios se hubiere ido a hacer la siesta y le hubiese dejado a terry gilliam la dirección de la tierra unos minutos.
Opté por alejarme de la zona cuando vi aparecer por otra esquina a un grupo de hippies que llevaban diábolos de fuego, malabares y cosas así… porque ya aquello sí que parecía un puto circo, miraras a donde miraras, simbología Lynchiana… y yo solo había venido a cobrar un dinero por el trabajo del mes pasao. Me fui a una cabina telefónica, descolgué el teléfono y allí me quede con el auricular en la oreja un buen rato, relajándome, mientras unos metros más hacia allá la vida parecía converger en surrealismo, y yo había conseguido escapar… entonces vi a mi jefe viniendo, y le salí al encuentro. Nos encontramos justo en mitad del barullo. Yo le ofrecí una cerveza, pero él la denegó… tenía algo entre manos. Me pasó un sobre, me lo guarde inmediatamente en el bolsillo y ambos miramos a nuestro alrededor a ver si alguien había presenciado la entrega. A nuestro alrededor, una miríada de gente extraña, fuegos que giraban, malabares, militares, gritos… eran el lugar perfecto para hacer una entrega de cocaína, así que para pasar dinero mucho mejor. Inmediatamente se fue en la misma dirección en que venía, y yo por la contraria. Nos alejamos como si jamás nos hubiéramos visto, y el encuentro se resumió, desde un punto de vista exterior, en dos personas que chocan por la calle, cambian unas disculpas, hacen algo extraño y siguen su camino. Me pregunto qué coño le pasaría al jefe, o si estaba influenciado por el caos que había allí.
Llamé por teléfono al que me había pedio la maleta pa decirle que ya estaba libre, y me dijo que me fuera pal puente de chapinas, que él estaba recogiendo a Edgar en odontología y que me recogía ahí pa ir a por la maleta. Vale, perfecto, nada me apetecía más que pasear por el puente, dejando que el aire frío limpiase un poco el caos que se había formado en la estación. Me eché a andar, y cuando crucé el puente y llegué a Chapinas me encontré a Juanma, un amigo al que últimamente veo poco, y sorprendentemente a Cris, que yo no sabía que conocía a Juanma… habían quedao tambien con el otro por lo visto. Hasta ese momento, el Caos estaba a mi alrededor y yo huía. Y a partir de ahí fue cuando el Caos me engulló. Aún no se cómo pasó todo en realidad, pero acabamos en mi cuarto viendo vídeos de humoristas, luego en bormujos comiendo una patata de esas del premio guiness rellena con algo que dicen que es queso parmesano pero yo me juego mi ordenador a que no lo es, luego dejaron en casa al de la maleta y los demás seguimos por ahí, recogimos a otra elfa, Patri, y acabamos en una discoteca, con chinitas, guiris, y más elfas juntas de las que había visto en mucho tiempo (había muchas más que tios) y yo que se, un infierno aquello vamos…
No se cuántas veces oí a mi alrededor “pero baila coño, baila” mientras mi mente andaba en otro lugar… concretamente hace mucho tiempo en un lugar muy, muy lejano… en la cantina de “una nueva esperanza”… un tío altísimo con barba, guiri seguramente, pasó por mi lado, lo seguí con la mirada a ver si su colega se parecía a Han Solo, pero una elfa se cruzó en su camino así que seguì el camino de la elfa mejor, algo me empujó el codo y al mirar eran los enormes pechos de una morena cuyo escote era como el cañon del colorado, se le engancho en mi codo y se le abrió el escote, pero ella por lo que se ve no se dio cuenta y seguía andando, ofreciendome una magnífica panorámica de su ombligo. Entre sucesos parejos a éste me ocurrieron otros mucho menos divertidos. Me fui solo por la discoteca a ver si encontraba a dos amigos y a dos chinitas (me daba igual dar con unos o con otros en primer lugar jeje). La discoteca parecía semana santa oye, no podía uno mover un puto centímetro, pero usé la tecnica soy-un-salvaje-delantero-de-rugby para conseguir abrirme paso, y llegué a la esquina, donde de repente una mujer de unos 50 años me cogió por los hombros, me sonrió y empezó a bailar sexi para mi. Me di la vuelta y usé la técnica de soy-una-bola-de-bolos para llegar en menos de diez segundos a la otra esquina de la discoteca, preocupao, pensando que si podia haber quinientas elfas más o menos aquella noche, a mí me había tocao la abuela de todas ellas. Ciertamente, el interior de la discoteca era enteramente una mezcla de la cantina del Episodio IV, la discoteca del Episodio II, y la madrugá del jueves santo. Todo aderezado con una deliciosa mixtura élfica que adornaba por doquier con sus curvas aquél endiablado lugar. Pero bueno…
En resumen, lo pasé bien, pero podría haber estado mucho mejor. No me hacen gracia las discotecas, como algunos sabréis. La parte buena es que nos dieron un huevo de invitaciones gratis para copas para hoy domingo… y precisamente vengo de allí xDDDDDD
