Mi vida es un polvorín. La gente me mira al pasar, me escudriña y me pregunta qué me ocurre, por qué no soy feliz con lo fácil que es. No puedo evitar sonreir para mis adentros cuando eso ocurre… ¿realmente es tan sencillo? ¿querer es poder? Yo creo que no. Mi vida laboral es infernal; ahora estoy de vacaciones, pero curiosamente tengo más encargos que cuando estaba trabajando normalmente. Tengo varios trabajos que ocupan absolutamente todo mi tiempo, no me queda ya ni para ir a ver a mis amigos, y el estrés ya me ha hecho mella en el carácter, incluso yo lo noto. Tampoco puedo olvidar los quehaceres de universitario (exposiciones, exámenes, trabajos, estudiar…), que trato de completar en mis ratos libres (generalmente por las noches). Mi casa… bueno, eso merecería una nueva historia por tomos. Mi madre lleva todo el día llorando, raro es el día que no se convierte en San Quintín esta casa. Tan bizarro es todo lo que me rodea, que más de una vez he observado el hueco de la escalera de caracol que hay en mi casa y he imaginado claramente Suicide Avenue, con los ciudadanos aplaudiendo fervientes por contemplar un nuevo espectáculo. ¿Y no era esa la intención de Moorcock? Jajaja.
Llueve. En mitad del maremoto, entre cañonazos y mástiles que se derrumban, soy incapaz de mirar a mi alrededor y concentrarme por un momento en cuanto me rodea. Soy consciente de todo ello, por supuesto, pero mi cabeza anda perdida en otras cosas, flotando a la deriva, ingrávida, dandole una y mil vueltas siempre a lo mismo. Le escribí una carta. Larga, aburrida, tautológica en la mayoría de sus pasajes y completamente innecesaria, llena de todos los sentimientos y pensamientos que me muero por contarle, pero la borré diez segundos después de escribir el último punto y final. No serviría de nada. O al menos, de nada bueno. No creo que le resultara agradable leer todo eso, y aún así probablemente fuese infinitamente más violento decírselo en persona, le haría sentir mal y eso está condenadamente lejos de mi intención, así que me lo ahorro.
¿Dónde está Tanelorn? Ansío su paz y su descanso como si llevara un siglo de desdichas y guerras sin sentido. Tengo la sensación de que cuanto más la busco más me alejo, internándome más y más, completamente perdido, en este desierto de las lágrimas que es la vida.
Mis disculpas por hacerte perder el tiempo, querido lector.