Tierras baldías

La soledad es el sentimiento más ingrato de todos. La soledad pura, como idea, no física. Me refiero a esa soledad que se hace tanto más poderosa cuanta más gente tengo alrededor. Irrompible, terca e injusta, sin motivo, se me agarra al cuello y no me suelta, y luchamos… y luchamos… pero entonces, en mitad de la batalla, miro a mi alrededor y no queda nadie. Lucho solo. Y no puedo evitar reirme, porque ha ganado aún antes de empezar.

He pasado varios días de saneamiento moral. Buenos amigos, videojuegos, incomunicados en un lugar lejano, tenía todos los ingredientes para tratar de ver la vida desde fuera, arrancar la mala hierba y dejarme de tanta tontería. Pero uno no puede escapar de sí mismo, los demonios los llevo dentro y por supuesto me los he llevado allí. A veces, mientras todos hablaban y reían, sentía como si estuviese en el interior de una esfera transparente que me oprimía, que aunque me hablasen o me mirasen no estaba allí, estaba solo. Y entonces, me iba. Trataba de volver a encontrarme conmigo mismo, aunque sólo fuere para darme dos ostias y decirme cuatro cosas. Rebelarme. A veces lo conseguía, a veces no.

Las noches (días) se hicieron interminables, horas que se sucedían entre ronquidos tratando de perderme un poco en el mundo onírico y ser libre aunque solo fuere por un (falso) momento. Pero me despertaba continuamente. Y miraba al techo, en la oscuridad, y me veía a mí mismo mirándome desde la cama enfadado.

Lo que me da miedo de estar solo es quedarme a solas conmigo mismo. Mal enemigo y peor aliado, cuando estamos a solas nos susurramos al oído bombas metafísicas, dañinas, y las ideas tardan en borrarse. Quiero salir de mí no para verme marchar sino para poder descansar.

Y es que me jode, la verdad. Me da coraje. Después de tanto… ya debería estar acostumbrado, más que eso incluso, debería haberle cogido el gustillo incluso. Soy un veterano de estas cosas, no entiendo por qué sigue doliendo. Y sobre todo, no se por qué tuve que caer, si yo estaba retirado, feliz y contento, sin problemas de este tipo -por fin-, ajeno a todo… cuando de repente, sin darme cuenta, fue demasiado tarde. Traté de huir pero ¡ah, fatalidad! como dijo aquél…

(Imágenes pertenecientes a xkcd, una de las mejores tiras que he leído en toda mi vida).

Publicado en  on 30 Diciembre, 2007 at 9:50 pm Dejar un comentario

Blues, humo y una copa… al final todo termina siempre de la misma forma

Los muros cayeron y exploté. Finalmente tuve que hablar y desahogarme, limpiar la sucia mentira y reconocer lo que ocurre. No ha ido bien, por supuesto; pero dentro de lo malo, supongo que no podría haber sido mejor. Ha sido una explosión limpia, no ha dejado nada, pero al menos parece de momento que no hay radiactividad. Ya veremos qué ocurre mañana.

No es la primera vez que me meto en algo así. Por supuesto, todos nos metemos en problemas así frecuentemente. Pero eso no quita para que sea doloroso. No es agradable observar como todos tus sueños dejan de responder ante ti y empiezan a concentrarse por ellos mismos en una única burbuja, enorme, perfecta, y tan frágil que por supuesto al final solo un “pop” te recuerda que una vez estuvo ahí. Ahora ya no queda nada; las manos manchadas de jabón y la sensación desgarradora de que puedes volver a reunir los trocitos para componerla de nuevo, falaz impresión innata tan terrible como común.

El tiempo dará paso a una nueva burbuja. Quiera dios que la próxima vez me hagan caso y formen cientos de pequeñísimas burbujas, más resistentes y menos expuestas a un golpe de aire, y no algo tan concentrado y poderoso que cuando revienta te sientes vacío.

Quiero volver a soplar.

Ahora solo queda lo de siempre. Sentado en mi cuarto, con una copa y el humo del cigarro nublando poco a poco la conciencia de madrugada, el saxo inunda los rincones de la habitación y no puedo evitar disfrutar de la amarga tristeza que me llena; no se si será un problema psicológico o he descubierto la piedra filosofal, pero es en momentos como éste cuando me siento vivo de verdad. Porque este dolor solo responde a un sentimiento, e incluso cayendo desde la cresta de la ola aún puedo mirar arriba y reirme no de donde estaba ayer, sino de donde he soñado con estar durante tanto tiempo.

Tengo frío. Dos calentadores, una manta y las zapatillas son mas que suficientes para calentarme el cuerpo, pero el alma sigue tiritando sola. Me estremezco al pensar que la vida es un muelle que te zarandea de arriba a abajo con violencia, y me entra frío. El frío de creer (inútilmente, lo se) que estoy solo. Pensamientos estúpidos y erróneos que nacen de sensaciones reales tan intensas, tengo que aprender a controlarlos. ¿O no?

Después de todo, si los sentimientos son lo que nos hace humanos, prefiero vivir sufriendo que vivir apático.

Pero es que… joder. La quiero.

Buenas noches lector.

Publicado en  on 27 Diciembre, 2007 at 3:26 am Dejar un comentario

Triste regreso

Soy consciente del tiempo que hace que escribí algo aquí por última vez. Que parece que quedó abandonado en el olvido. Exiliado en el exilio, como dice un buen amigo mío. Pero no es así… simplemente no he tenido un arranque de querer expresar nada desde dentro, he pasado un tiempo guardandomelo todo, limitándome a expresar cosas más superficiales en los otros blogs en los que participo. Esta noche, aún a riesgo de ser tachado de puto emo, vuelvo, y como ya es costumbre con malas noticias. Porque no soy feliz. Porque estoy harto, muy harto ya, de acabar siempre metido en el fondo de historias tristes. Y, como siempre, todo empieza por una mujer. Querido lector, espero me disculpará por ser tan general y no atreverme a concretar mis palabras con hechos, pero dada la gente que pasa por aquí no sería una buena idea.

No entiendo por qué la vida se empeña una y otra vez en lo mismo. El corazón al alcance de la mano, en el centro de un cepo dentado y envenenado. Puedo pasarme la vida mirándolo con la nostalgia de lo que imagino o meter la mano para tratar de cogerlo y perder el brazo. Delicioso, debería venderle la idea a Burton. Tratando de sobrevivir al maremoto me he visto obligado (lo siento) a mentir, probablemente lo que más desprecio de entre todos los “inventos” de la humanidad. Mentir. Sucio, asqueroso y generalmente innecesario. Pero en este caso no se me ocurría otra salida, para proteger a gente que quiero. Y por eso sigo así, mirando cómo crepita el fuego, embelesado y muerto de frío, aún dudando de si tocarlo o no.

Pero joder es que es todo tan así. Momentos que son horas, risas y el pulso acelerado… tan pasteloso que dan ganas de vomitar. Pero es así. Me siento como Darth Vader en mitad del cuento de la Bella Durmiente; quiero volver a la Estrella de la Muerte y que le den al cuento, pero no soy capaz de echar de la cabeza lo que sucede. Las noches se suceden en bucles interminables de sueños, tan claros como absurdos, rememorando una vez y otra todos esos momentos que ni siquiera llegarán nunca a ocurrir. Y por el día, trato de olvidar esos sueños y poner los pies en el suelo de nuevo, y entonces me doy cuenta de que en realidad no controlo lo que sucede en la cabeza.

Y ahí es donde me enfado.

Me enfado tanto que acabo despreciándome por mi debilidad, porque valoro la libertad por encima de casi cualquier cosa y sin embargo aquí me tenéis, encerrado por mis propios barrotes.

Y eso es patético.

Publicado en  on 25 Diciembre, 2007 at 9:29 pm Dejar un comentario