De vuelta

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Llevo un tiempo sin escribir nada aquí. Mi ausencia se debe a una escapada a París que hice con la familia, de la que en breve quizá reúna ganas (y tiempo) para contaros un poco cómo fue todo. Aún me dura el cansancio. Estoy pasando los cuatro Gb de fotos al pc, quizá os enseñe alguna.

Bonsoir :-)

PD: Dios existe y es francesa; o mejor dicho, es las francesas.

Publicado en on 27 Julio, 2007 at 3:31 am Comentarios (1)

Crónicas de los Viajes del Friki: La Vaca, el Friki y el Taxi. (II de II)

(Continúa la primera parte).

Corté varios maizales para tener espacio de maniobra y me hice un minicampamento base. Saqué mi toalla (uno no puede salir de casa sin ella!!!), un impermeable enorme, unos pantalones y una camiseta… Me cambié de ropa, me puse el impermeable por encima de la mochila cubriendome a mí tambien, y por encima del sakkat que llevaba puesto. Metí el palo en la mochila pero haciendo que sobresaliera justo por mi cabeza y usé la toalla para fijarlo a mi cuello, y dejé que la correa del pantalón colgase por detrás. En resumen… me disfracé de vaca. Me convertí en un cuerpo enorme, todo del mismo color, con un solo cuerno pero muy grande, encorvado. Y practiqué mi MU. Sonaba de lo más convincente. MWAHAHAHA esas pobres infelices no sabían lo que se les avecinaba. El enemigo estaría entre ellas, y ni siquiera se darían cuenta. El puto Solid Snake palidecería de envidia al lado de mi ingenio para infiltrarme tras las filas enemigas.

Volví al campo de las vacas. Bajé el medio metro sin hacer un solo ruido, y me moví entre ellas silencioso pero sin prisas, que no notaran que era humano. De vez en cuando, si alguna me prestaba atención, soltaba un discreto MU que significaba “eh, tu, vuelve a tus asuntos”. Andé y andé, tratando de evitar confrontación directa con ninguna, esquivaba algunas y andaba haciendo eses, esquivandolas. Cuando llegué a la mitad del rebaño, una de ellas, la mayor de todas y con los cuernos más enormes y afilados, se me quedó mirando. Yo le dije MU y seguí andando. pero oí a mis espaldas MUUUUUUUU. Ostia. Me di la vuelta y le dije MMMMMMU MU MMMMMU. Y la vaca empezó a andar hacia mí, con los cuernos por delante. Mira que yo tengo cuernos por culpa de alguna ex, pero me daba a mí que esa vaca de los cojones no iba a temer demasiado mi tipo de cuernos. Así que hice lo que todo héroe de batalla haría en esa situación. Darme la vuelta y andar rapidito en la dirección contraria a la que venía (no podía correr pa no alertar a las demás). Detrás mía oía de vez en cuando Mu y MUUUU y todas las vacas me prestaron atención. Apreté el pasó y la vaca apretó el paso. Finalmente me cabreé y decidí poner en práctica los conocimientos frikis. Después de todo, por probar no se perdía nada. Me di la vuelta con un fulgor en la mirada, me quité la capucha, desenvainé el palo, lo alcé al cielo y grité “SOY EL PORTADOR DE LA LLAMA DE ANUM, NO PUEDES PASAR!!!” y lo clavé en el suelo delante de mí. Lo cierto es que me quedó de lo más convincente, llega a verme un productor y me cogen pal remake del señor de los anillos o algo por el estilo. Y es más, la vaca se paró en seco, y yo pensé “¡JA! triunfaso der quinse illoooo”

Rascó el suelo con su pezuña, agachó el cuello en posición de embestida y empezó a correr hacia mí. Por un momento me vino a la mente lo que hacía Cocodrilo Dundee, quizás funcionase… pero no me iba a quedar a comprobarlo, así que emprendí la retirada corriendo como alma que lleva el diablo, haciendole el gesto de cocodrilo dundee con una mano, agitando el palo con la otra, y… chillando como una nena, pa que nos vamos a engañar. Putos toreros, eso es lo que han conseguido, que las pobres vacas nos tengan odio a la raza humana… y el caso es que las entiendo, si un animal matase elfas cada dos por tres probablemente yo me cabrearía mucho.

Por el camino, mientras corría, me tropecé y me torcí el tobillo, caí y rodé, pero mientras rodaba pensada “ya nos preocuparemos del tobillo más tarde, esos cuernos que vienen para acá no me gustan un pelo” así que me levanté y seguí corriendo. Dolía una bestialidad, pero a veces el miedo es mucho más poderoso que el dolor (afortunadamente), así que conseguí llegar a la valla y de un solo salto caí en el otro lado. Al caer me clavé una roca puntiaguda en la espalda y sonó un crack que no me gustó nada nada… de hecho me llevé un tiempo con la espalda jodida, el tobillo torcido, el muslo… pero bueno, el tema de la espalda me lo solucionó una amiga que es la mejor del mundo dando masajes. A los pocos segundos los cuernos se clavaron en la valla y oía MUUUU MUUUUUUUUUUUU. Me miraba fijamente y trataba de llegar hasta mí. Pero no tuvo en cuenta una cosa… en esta vida, puedes aprender algo cada segundo que pasa, todo es instructivo. Por eso los frikis somos venerables, porque tenemos acceso a material prohibido… y yo aprendí mucho con Parque Jurásico. Me quedé muy muy muy quieto. Si no me movía, la vaca no me vería y pensaría “coño, ha desaparecido!”. MWAHAHAH Así que eso hice. No me moví nada de nada, aunque me dolía todo y me moría por quitarme la bota y vendarme el tobillo.

Finalmente la vaca desistió (mi idea funcionó, está claro que sólo detectan el movimiento). Yo me arrastré como pude hasta los árboles (ahí empezaba de nuevo el bosque), busqué un sitio más o menos tranquilo (o sea, sin vacas) y me quité las botas. Tenía el tobillo muy hinchado. Me lo vendé como pude y con otro calcetín aseguré el tobillo para que no se moviera al andar. Más o menos podía caminar cojeando, y apoyandome en el bastón. Miré a mi alrededor. Estaba en un valle… una especie de hondonada, o donut. A mi alrededor todo eran montañas, excepto el lugar de las vacas, pero por ahí no pensaba ir ni por dinero vamos. Lo pensé friamente y finalmente llegué a la conclusión… estaba en territorio hostil, y tenía que salir de allí costara lo que costara.

Volví a encontrar el cauce del río, y lo usé para lavar mis heridas (provocadas por las caídas y demás). También metí los pies en el agua helada un rato para que remitiera el dolor y bajase la hinchazón, y me bañe desnudo para que agua fría me devolviera algo de vitalidad. No me quedaba agua en la cantimplora, y no sabía cuando saldría de allí… así que decidí que habría que aprovechar ese agua que parecía pura. Había insectos revoloteando, y algún renacuajo… seguramente sería potable. Traté de no pensar dónde harían sus necesidades esos renacuajos. Bebí de ese agua y llené la cantimplora. Seguí explorando el bosque y cerca de allí encontré un claro del bosque en el que no había madera en el suelo, solo rocas. Pensé que si tenía que pasar la noche allí porque no encontrara la salida, ese sería el sitio perfecto… así que monté un campamento. Con rocas, madera que traje del bosque, etc… me construí una cabaña rudimentaria, que aunque no ofrecía mucho al menos tenía techo, una roca plana donde dormir, y la posibilidad de hacer una fogata sin que salga ardiendo el bosque (lo cual cumplia con un doble proposito, porque la guardia forestal vendría a echarme la bronca y yo aprovecharía para escaparme de aquél infierno natural). También escribí una nota con piedras en el suelo, informando “SI ERES PEREGRINO: POR AQUI NO ES”. También me construí una caña de pescar con hilo, un alfiler y un palo, y una lanza usando mi cayado y un cuchillo.

Cuando todo estuvo listo, hube descansado y todo, partí de nuevo a explorar la zona. La buena suerte me acompañó en este caso, ya que en algún lugar un camión tocó su bocina. ¡Ostia! Civilización!!! Corrí por el bosque hacia allí sin mirar atrás, cual elfo frikao. Llegué a un nuevo acantilado, pero esta vez yo estaba abajo así que no podía caerme. Aunque la subida plantearía serios problemas, la idea de no tener que saltar en liana me pareció muy agradable. Poco después me arrepentiría de ese pensamiento jeje

Agucé el oído y creí oír un coche que pasaba por arriba. A unos veinte metros de altura acababa el acantilado, y según creía, por ahí pasaba alguna carretera. Si el acantilado fuese totalmente vertical y de piedra, me habría parecido menos problemático. Tenía una ligera inclinación… suficiente para poder ir escalando poco a poco con ayuda del cuchillo (y en aquella situación, querría llegar arriba como fuese). Pero claro, ese no era el problema. El problema era que toda la subida era atravesando decenas de zarzas enroscadas una encima de la otra. Traía alicates, destornilladores, cantimplora, un bañador… pero no traía guantes. Y a la vista de esas zarzas, habría dado mi vida a cambio de unos. Aunque no tendría sentido morirme si luego no puedo subir. Claro que, por otra parte, quizás fuera… bueno no importa. El hecho es que no tenía guantes.

Me di la vuelta y empecé a desesperarme muchísimo, ya no podía más… era demasiado, nunca saldría de allí. Entonces, otro camión tocó su bocina allí arriba, y la sentí tan cerca… me encaré contra la subida, saqué los alicates y me los puse en la boca. Pisé las primeras zarzas primero con el palo y cuando estaban a poca altura las sujetaba con la bota, entonces me sacaba los alicates de la boca, y cortaba aquí y allí. Así fui subiendo, muy poco a poco, cortando zarzas e izándome poco a poco. No las cortaba todas, y me arañaban los brazos, las piernas, la cara… me rajé el cuello y la mejilla, la frente también sangraba al igual que los antebrazos… pero no me preocupaba. Iba a llegar arriba costase lo que costase.

Después de muchísimo tiempo, conseguí alcanzar la cima. Efectivamente, había una carretera. Yo llegué con la camisa rajada, totalmente ensangrentado (aunque las heridas no eran profundas), arrastrando el pecho contra el suelo y luchando en una gran batalla por cada metro que recorría. Vi a lo lejos un taxi parado con el capó abierto y el taxista cerrándolo. Supuse que era por aquello por lo que los camiones le pitaban. Le grité al taxista “SOCORROOOO!!!”. El hombre me miró, me saludó amablemente “Buenos días!”, se metió en el coche y arrancó para irse. La desesperación más absoluta se apoderó de mí, reuní las pocas fuerzas que me quedaban para levantarme empuñando la lanza y romperle la luna trasera a ese hijo de puta, pero me fallaron las fuerzas y caí de boca en el arcén de la carretera, lleno de lágrimas que se mezclaban con la sangre y la tierra con un sabor extraño, el sabor del fin?

Estuve allí tirado una hora, limpiandome heridas, bebiendo un poco, descansando, y sobre todo tranquilizandome. Me curé un poco las heridas con el botiquín y finalmente eché a andar por la carretera. Como tres cuartos de hora después vi un cartel “Bienvenido a Samos”. Había entrado en el pueblo de partida por el sitio contrario al que salí… es decir… por donde había llegado el día anterior. Me había ocurrido de todo, había sangrado, llorado, saltado, bebido agua del rio, luchado en una plaza de toros, subido un muro de zarzas… para acabar en el punto de partida. No queráis saber cómo me sentí.

Publicado en on 9 Julio, 2007 at 3:15 pm Comentarios (2)

Crónicas de los Viajes del Friki: La Vaca, el Friki y el Taxi. (I de II)

Aquí os dejo la primera parte (de dos) de otra de mis Frikistorias. En este caso, os comento un problemilla que tuve haciendo el Camino de Santiago. Me pasó de todo (esguince, flemón, enfermo, ligues frustrados por gilipoyas, etc…), pero resalto ésta especialmente porque es la más… no sabría como definirla… ¿absurda? La gente que la ha oído suele quedarse incrédula, pero afortunadamente hay amigos que estuvieron allí para verlo y confirmar la triste realidad. Sin más preámbulos os dejo con una nueva entrega de mis aventuras. ¡Reid cabrones!

Nos situamos en julio de 2005, en el pueblo de Samos (Galicia), que tiene un monasterio precioso. Nos levantamos a las 5 de la mañana como siempre, hicimos la mochila, y partimos del albergue en busca de nuevas experiencias mucho más allá. Como solíamos hacer, quedamos en un pueblo a cuarenta kilómetros y dijimos “nos vemos allí chavales, que la Fuerza os acompañe”. Así que empecé a caminar solo, como cada día. Solo, pero frikao.

Crucé carreteras, senderos, subí colinas y bajé de nuevo… finalmente llegué a lo alto de una colina muy alta (je), desde donde se divisaba poco más allá un pueblo enorme. Recordé que me habían dicho que a mitad de camino encontraría un pueblo cuyo nombre no recuerdo ahora mismo… ¿Saulot? no, eso de es vampiro… bueno, algo asi. En media hora más o menos me plantaría allí y estaría a la mitad del trayecto… iba muy bien de tiempo. Bebí un sorbo de agua, me ajusté el sakkat y empecé a descender la colina, metiendome en un bosque que había entre esa colina y el susodicho pueblo. Las dichosas flechas amarillas eran cada vez más escasas, pintadas en una piedrecita del suelo y cosas así… pero tenía la impresión de ir por buen camino. Hasta que me metí de lleno dentro del bosque.

Los árboles se cerraron sobre mí y ya no veía el cielo. El camino empezó a bifurcarse. Primero en Y, luego en tres distintos, luego en cuatro… cada vez se hacía más laberíntico y tenía que decidir “por el centro”, “por la derecha”, según yo creía que sería el correcto, ya que no había señalización ninguna. Por otra parte, al ser un camino de rocas en el suelo, no había huellas que indicasen por dónde iba la gente que hubiese pasado anteriormente por allí. Os adelantaré que en alguna de esas bifurcaciones me equivoqué de camino. Pero claro, yo eso no lo sabría hasta mucho más tarde jeje.

El camino empezó a estrecharse. Dejó de ser camino para convertirse en sendero. El sendero dejó paso a un camino de cabras, cada vez más estrecho, tanto era así que no cabía con los dos pies juntos, tenía que ir poniéndolos uno delante del otro. El sakkat me evitaba golpes de las ramas en la cara y con el cayado (me hice uno de dos metros con una talla de la puerta de Takhisis en la punta jiji) apartaba ramas y demás para seguir avanzando. El terreno empezó a ponerse cada vez más impracticable, y empezó a ponerse en pendiente lateral… peralte. Es decir, estaba cruzando la ladera de una montaña en sentido transversal, y cada vez estaba eso más complicao. Llegó un momento en el que no podía andar recto porque me caía… así que usé el palo como apoyo adicional clavandolo debajo y agarrandome con la otra mano a la pared de piedra, para seguir dando un paso, y luego otro… hasta que la pared se puso totalmente vertical y ahí me quede, suspendido en un miniacantilado en medio de un bosque, sin poder avanzar ni retroceder. He de decir por cierto que en ese tipo de situaciones uno tiene mucho tiempo para el pensamiento abstracto… pero no soy el tipo de persona que en una situación comprometida se rasca la barbilla y susurra “¿cuál es el propósito de mi vida?”.

Vi que a un metro de mi mano había una liana. La observe fijamente, preparando mi cuchillo… por si no era una liana, me dan miedo las serpientes, quizás es un miedo infundado, pero así es jeje. Pero tuve suerte, realmente era una liana. Larga y dura por cierto. Colgaba de una de las raíces de los árboles de más arriba, y era suficientemente larga como para poder usarla para cruzar al otro lado del acantilado… a unos diez o doce metros por debajo mío había un riachuelo con rocas puntiagudas, la idea de saltar no me parecía del todo convincente. Así que na… recordé a Tarzán y me dije “si él pudo…”. Me ajusté bien las correas de la mochila (14 kg… la próxima vez no llevo la caja de herramientas con alicates, lo triste que eso no es ninguna broma), me cruzé el palo a la espalda sujeto con las correas, amarré el sakkat, y agarrándome a esa liana como si fuera una ninfómana que ha ligado tras un año de abstinencia, salté el precipicio con un grito de batalla que no reproduciré aquí. Mientras volaba sobre el río a bastante velocidad no pude evitar un pensamiento: “tio… de esta no sales eh… y ni siquiera tienes una elfa a mano pa un ultimo polvo…”.

Caí en el otro lado. Concretamente sobre una roca puntiaguda que me hizo polvo el muslo. Reboté y empecé a rodar hacia abajo, por el camino me clavé más rocas y por alguna razón en cada vuelta que daba el puto palo me daba una ostia en la nuca, como si fuera una parte de mi muy cabreada que me estuviese dando en la cabeza gritanto “SERAS GILIPOYAS!!!”.

Finalmente me paré. Ya era hora… El sakkat se había roto un poquito por arriba y había perdido gran parte de la ornamentación, el palo se había enganchado a una roca que me había frenado (bendito palo!!), el muslo me ardía con un dolor increíble, y la espalda… bueno, pa que os vi a contar, ya os lo podéis imaginar. Estuve pensandolo un rato seriamente y llegué a dos conclusiones. La primera, me equivoqué en las bifurcaciones. La segunda, estaba totalmente perdido, y lo que era peor, desorientado. Pero un friki se crece ante la adversidad, así que puse mi mejor pose heróica poniendome en pie y observando con superioridad el río y susurré “si he cruzado esto y sigo vivo, puedo enfrentarme con lo que sea”.

Caminé en una dirección elegida al azar durante un rato, siguiendo el cauce del río (supuse que iría hacia abajo de la montaña, y por tanto en mi dirección) pero no junto a él. Finalmente salí del bosque y me vi de pronto en un campo enorme. Una vocecilla de lo más molesta me dijo interiormente “illo que por aquí no es” pero no le hice caso. Empecé a cruzar el campo en linea recta. Ahora al menos veía el sol, podía guiarme más o menos hacia el noroeste, que era mi objetivo, o eso pensaba. La hierba crecía y crecía, y la hierba bajita del principio dio paso a pastos cada vez más altos. Más altos que mi rodilla al principio, por la cintura poco después… cuando los pastos me llegaban por el pecho empecé a caer en la cuenta de que por allí no había pasado nadie en mucho tiempo. No se veía que los pastos estuvieren doblados ni nada, estaba en territorio salvaje.

El pasto dio paso a un maizal. Era mucho más alto que yo, y ahí dentro no veía un carajo. Ni a un lado ni al otro se veía nada que no fuese más maiz, y empezaba a estar un poco harto de todo aquello, así que ideé una forma de escapar. Saqué una camiseta y la até a la punta del palo en plan bandera, y la alcé todo lo que pude, y me puse a hacer el imbécil por allí. Supuse que si un agricultor se asoma a sus campos y ve a un capullo corriendo por medio con una bandera hecha con una camiseta sucia lo más probable sería que viniese a echarme la bronca, cosa que yo aprovecharía para suplicarle que me llevara a algún sitio civilizado. No creo que fuera mala idea… pero por allí no vino ni pastores ni ningún ruido que no fuera el del viento meciendo el maizal.

En un momento dado, mientras caminaba, se terminó el maizal, y me caí de boca hacia abajo. Al parecer el siguiente campo estaba a un nivel un poco más bajo (un metro más o menos). Me levanté como pude, muy cansado ya, y me vi rodeado de vacas. No eran vacas normales. Uno pasea por el campo y lo que espera ver es la típica vaca de la fotografía: blanca con manchas negras, cuernecitos pequeños, algún MU solitario de vez en cuando… Pero estas eran vacas tuneadas malignas. Eran marron oscuro, enormes, y con unos cuernos cuya sola presencia eran toda una declaración de intenciones del tipo “voy a clavartelo ¿por qué? porque puedo”. Pa que engañarnos, me aterroricé. Me quedé muy quieto observándolas, esperando el más mínimo movimiento y pensando que eso sería lo último que vería. Una de las vacas se acercó un poco, bufó y dijo “MU”.

Haré un inciso para indicar que me dan miedo las vacas. Es un miedo muy común, después de todo hay gente con vértigo, aracnofobia o miedo a los ratones. A mí me dan miedo las vacas.

Salté hacia atrás, me caí, rodé, me levanté, salté y entré en el maizal, empecé a correr haciendo eses y finalmente cuando estaba totalmente seguro de que ninguna vaca maligna tuneada sacada del nivel secreto del diablo 2 venía persiguiéndome, me tiré al suelo a recuperar el aliento, beber agua, y ponerme muy nervioso. Me preocupé activamente. Pero como dije antes, los frikis se crecen ante la adversidad. Mi problema es que he visto demasiadas películas… pero en este caso me decidí a que eso fuese un problema para el resto del mundo jeje. Se iban a enterar aquellas bestias de quien era yo. Las generaciones vacunas contarían durante siglos la historia del dioshumanoquellegódelmaizal.

…Continuará.

Publicado en on 4 Julio, 2007 at 5:18 am Comentarios (3)