(Continúa la primera parte).
Corté varios maizales para tener espacio de maniobra y me hice un minicampamento base. Saqué mi toalla (uno no puede salir de casa sin ella!!!), un impermeable enorme, unos pantalones y una camiseta… Me cambié de ropa, me puse el impermeable por encima de la mochila cubriendome a mí tambien, y por encima del sakkat que llevaba puesto. Metí el palo en la mochila pero haciendo que sobresaliera justo por mi cabeza y usé la toalla para fijarlo a mi cuello, y dejé que la correa del pantalón colgase por detrás. En resumen… me disfracé de vaca. Me convertí en un cuerpo enorme, todo del mismo color, con un solo cuerno pero muy grande, encorvado. Y practiqué mi MU. Sonaba de lo más convincente. MWAHAHAHA esas pobres infelices no sabían lo que se les avecinaba. El enemigo estaría entre ellas, y ni siquiera se darían cuenta. El puto Solid Snake palidecería de envidia al lado de mi ingenio para infiltrarme tras las filas enemigas.
Volví al campo de las vacas. Bajé el medio metro sin hacer un solo ruido, y me moví entre ellas silencioso pero sin prisas, que no notaran que era humano. De vez en cuando, si alguna me prestaba atención, soltaba un discreto MU que significaba “eh, tu, vuelve a tus asuntos”. Andé y andé, tratando de evitar confrontación directa con ninguna, esquivaba algunas y andaba haciendo eses, esquivandolas. Cuando llegué a la mitad del rebaño, una de ellas, la mayor de todas y con los cuernos más enormes y afilados, se me quedó mirando. Yo le dije MU y seguí andando. pero oí a mis espaldas MUUUUUUUU. Ostia. Me di la vuelta y le dije MMMMMMU MU MMMMMU. Y la vaca empezó a andar hacia mí, con los cuernos por delante. Mira que yo tengo cuernos por culpa de alguna ex, pero me daba a mí que esa vaca de los cojones no iba a temer demasiado mi tipo de cuernos. Así que hice lo que todo héroe de batalla haría en esa situación. Darme la vuelta y andar rapidito en la dirección contraria a la que venía (no podía correr pa no alertar a las demás). Detrás mía oía de vez en cuando Mu y MUUUU y todas las vacas me prestaron atención. Apreté el pasó y la vaca apretó el paso. Finalmente me cabreé y decidí poner en práctica los conocimientos frikis. Después de todo, por probar no se perdía nada. Me di la vuelta con un fulgor en la mirada, me quité la capucha, desenvainé el palo, lo alcé al cielo y grité “SOY EL PORTADOR DE LA LLAMA DE ANUM, NO PUEDES PASAR!!!” y lo clavé en el suelo delante de mí. Lo cierto es que me quedó de lo más convincente, llega a verme un productor y me cogen pal remake del señor de los anillos o algo por el estilo. Y es más, la vaca se paró en seco, y yo pensé “¡JA! triunfaso der quinse illoooo”
Rascó el suelo con su pezuña, agachó el cuello en posición de embestida y empezó a correr hacia mí. Por un momento me vino a la mente lo que hacía Cocodrilo Dundee, quizás funcionase… pero no me iba a quedar a comprobarlo, así que emprendí la retirada corriendo como alma que lleva el diablo, haciendole el gesto de cocodrilo dundee con una mano, agitando el palo con la otra, y… chillando como una nena, pa que nos vamos a engañar. Putos toreros, eso es lo que han conseguido, que las pobres vacas nos tengan odio a la raza humana… y el caso es que las entiendo, si un animal matase elfas cada dos por tres probablemente yo me cabrearía mucho.
Por el camino, mientras corría, me tropecé y me torcí el tobillo, caí y rodé, pero mientras rodaba pensada “ya nos preocuparemos del tobillo más tarde, esos cuernos que vienen para acá no me gustan un pelo” así que me levanté y seguí corriendo. Dolía una bestialidad, pero a veces el miedo es mucho más poderoso que el dolor (afortunadamente), así que conseguí llegar a la valla y de un solo salto caí en el otro lado. Al caer me clavé una roca puntiaguda en la espalda y sonó un crack que no me gustó nada nada… de hecho me llevé un tiempo con la espalda jodida, el tobillo torcido, el muslo… pero bueno, el tema de la espalda me lo solucionó una amiga que es la mejor del mundo dando masajes. A los pocos segundos los cuernos se clavaron en la valla y oía MUUUU MUUUUUUUUUUUU. Me miraba fijamente y trataba de llegar hasta mí. Pero no tuvo en cuenta una cosa… en esta vida, puedes aprender algo cada segundo que pasa, todo es instructivo. Por eso los frikis somos venerables, porque tenemos acceso a material prohibido… y yo aprendí mucho con Parque Jurásico. Me quedé muy muy muy quieto. Si no me movía, la vaca no me vería y pensaría “coño, ha desaparecido!”. MWAHAHAH Así que eso hice. No me moví nada de nada, aunque me dolía todo y me moría por quitarme la bota y vendarme el tobillo.
Finalmente la vaca desistió (mi idea funcionó, está claro que sólo detectan el movimiento). Yo me arrastré como pude hasta los árboles (ahí empezaba de nuevo el bosque), busqué un sitio más o menos tranquilo (o sea, sin vacas) y me quité las botas. Tenía el tobillo muy hinchado. Me lo vendé como pude y con otro calcetín aseguré el tobillo para que no se moviera al andar. Más o menos podía caminar cojeando, y apoyandome en el bastón. Miré a mi alrededor. Estaba en un valle… una especie de hondonada, o donut. A mi alrededor todo eran montañas, excepto el lugar de las vacas, pero por ahí no pensaba ir ni por dinero vamos. Lo pensé friamente y finalmente llegué a la conclusión… estaba en territorio hostil, y tenía que salir de allí costara lo que costara.
Volví a encontrar el cauce del río, y lo usé para lavar mis heridas (provocadas por las caídas y demás). También metí los pies en el agua helada un rato para que remitiera el dolor y bajase la hinchazón, y me bañe desnudo para que agua fría me devolviera algo de vitalidad. No me quedaba agua en la cantimplora, y no sabía cuando saldría de allí… así que decidí que habría que aprovechar ese agua que parecía pura. Había insectos revoloteando, y algún renacuajo… seguramente sería potable. Traté de no pensar dónde harían sus necesidades esos renacuajos. Bebí de ese agua y llené la cantimplora. Seguí explorando el bosque y cerca de allí encontré un claro del bosque en el que no había madera en el suelo, solo rocas. Pensé que si tenía que pasar la noche allí porque no encontrara la salida, ese sería el sitio perfecto… así que monté un campamento. Con rocas, madera que traje del bosque, etc… me construí una cabaña rudimentaria, que aunque no ofrecía mucho al menos tenía techo, una roca plana donde dormir, y la posibilidad de hacer una fogata sin que salga ardiendo el bosque (lo cual cumplia con un doble proposito, porque la guardia forestal vendría a echarme la bronca y yo aprovecharía para escaparme de aquél infierno natural). También escribí una nota con piedras en el suelo, informando “SI ERES PEREGRINO: POR AQUI NO ES”. También me construí una caña de pescar con hilo, un alfiler y un palo, y una lanza usando mi cayado y un cuchillo.
Cuando todo estuvo listo, hube descansado y todo, partí de nuevo a explorar la zona. La buena suerte me acompañó en este caso, ya que en algún lugar un camión tocó su bocina. ¡Ostia! Civilización!!! Corrí por el bosque hacia allí sin mirar atrás, cual elfo frikao. Llegué a un nuevo acantilado, pero esta vez yo estaba abajo así que no podía caerme. Aunque la subida plantearía serios problemas, la idea de no tener que saltar en liana me pareció muy agradable. Poco después me arrepentiría de ese pensamiento jeje
Agucé el oído y creí oír un coche que pasaba por arriba. A unos veinte metros de altura acababa el acantilado, y según creía, por ahí pasaba alguna carretera. Si el acantilado fuese totalmente vertical y de piedra, me habría parecido menos problemático. Tenía una ligera inclinación… suficiente para poder ir escalando poco a poco con ayuda del cuchillo (y en aquella situación, querría llegar arriba como fuese). Pero claro, ese no era el problema. El problema era que toda la subida era atravesando decenas de zarzas enroscadas una encima de la otra. Traía alicates, destornilladores, cantimplora, un bañador… pero no traía guantes. Y a la vista de esas zarzas, habría dado mi vida a cambio de unos. Aunque no tendría sentido morirme si luego no puedo subir. Claro que, por otra parte, quizás fuera… bueno no importa. El hecho es que no tenía guantes.
Me di la vuelta y empecé a desesperarme muchísimo, ya no podía más… era demasiado, nunca saldría de allí. Entonces, otro camión tocó su bocina allí arriba, y la sentí tan cerca… me encaré contra la subida, saqué los alicates y me los puse en la boca. Pisé las primeras zarzas primero con el palo y cuando estaban a poca altura las sujetaba con la bota, entonces me sacaba los alicates de la boca, y cortaba aquí y allí. Así fui subiendo, muy poco a poco, cortando zarzas e izándome poco a poco. No las cortaba todas, y me arañaban los brazos, las piernas, la cara… me rajé el cuello y la mejilla, la frente también sangraba al igual que los antebrazos… pero no me preocupaba. Iba a llegar arriba costase lo que costase.
Después de muchísimo tiempo, conseguí alcanzar la cima. Efectivamente, había una carretera. Yo llegué con la camisa rajada, totalmente ensangrentado (aunque las heridas no eran profundas), arrastrando el pecho contra el suelo y luchando en una gran batalla por cada metro que recorría. Vi a lo lejos un taxi parado con el capó abierto y el taxista cerrándolo. Supuse que era por aquello por lo que los camiones le pitaban. Le grité al taxista “SOCORROOOO!!!”. El hombre me miró, me saludó amablemente “Buenos días!”, se metió en el coche y arrancó para irse. La desesperación más absoluta se apoderó de mí, reuní las pocas fuerzas que me quedaban para levantarme empuñando la lanza y romperle la luna trasera a ese hijo de puta, pero me fallaron las fuerzas y caí de boca en el arcén de la carretera, lleno de lágrimas que se mezclaban con la sangre y la tierra con un sabor extraño, el sabor del fin?
Estuve allí tirado una hora, limpiandome heridas, bebiendo un poco, descansando, y sobre todo tranquilizandome. Me curé un poco las heridas con el botiquín y finalmente eché a andar por la carretera. Como tres cuartos de hora después vi un cartel “Bienvenido a Samos”. Había entrado en el pueblo de partida por el sitio contrario al que salí… es decir… por donde había llegado el día anterior. Me había ocurrido de todo, había sangrado, llorado, saltado, bebido agua del rio, luchado en una plaza de toros, subido un muro de zarzas… para acabar en el punto de partida. No queráis saber cómo me sentí.