Crónicas de un Friki: La Boda, el Borracho y la Tiabuena

A petición del público, os dejo aquí otra Frikistoria(TM) . En esta ocasión, ambientada en una boda. Ocurrió en junio del año… 2002 creo. Se casaba el hijo de uno de los mejores amigos de mis padres. Un cra el tío, coleguita desde que éramos pequeños. Total, que el tío acabó forrandose a lo bestia con un curro en Microsoft, y acabó casándose con otra elfa que también tenía muchísimo dinero, así que básicamente cuando se juntaron pa casarse… imaginad.

La boda se celebraba en un cortijo enorme aquí en andalucía, con un castillo en medio, montones de camareros y lujos de todo tipo, unos jardines enormes, etc… Y sólo tuvo un pequeñísimo fallo: estaba invitado (y para mi horror, ¡se sentaba a mi lado!) un amigo de mis padres que me conoce desde pequeño y que el tío no es capaz de estarse quieto, es un cachondo mental de nacimiento, está SIEMPRE de coña y siempre liandola. Una persona sin maldad ninguna, pero que su enorme inocencia le hace formar líos que te cagas de grandes porque va por ahí sin preocupaciones de ningún tipo.

En fin, el convite de la boda transcurrió bastante bien. Todos soportamos bastantes coñas de este hombre, por mi parte tampoco fue demasiado gore… lo más así que me pasó es que llamó a una camarera y ofreciéndole un condón le preguntó si quería tener sexo conmigo, que me veía muy serio ahí en la mesa. Luego nos emborrachamos un poco (él mucho) y empezó el baile y demás, momento que yo aproveché para iniciar el Plan de Ataque Alfa.

Desde el comienzo de la fiesta me había fijado en una amiga de la novia que estaba como pa mojar pan. Fue ver los enormes y laberínticos jardines del cortijo, verla a ella, y pensar inmediatamente en llevarmela allí, enseñarle un par de constelaciones y darle un poquito de vidilla a la boda jeje. Además la había cogido mirándome en más de una ocasión, el juego de miradas era patente, y yo sabía que le gustaba, me daba señales, me sonreía desde ocho mesas mas allá, me aguantaba la mirada, aprovechaba para rozarme cada vez que nos cruzábamos… vamos, que todo lo que yo hacía a distancia lo devolvía ella con maestría. Así que cuando llegó la hora del baile, todos se revolvieron y se perdieron, yo fui a la barra, cogí un par de copas y me fui a buscarla. La había visto hacerme una señal e irse a un patio trasero bastante íntimo, así que esa era la mía. Me ajusté la corbata, y allí me dirigí.

Nada más entrar en el patio el tiempo se ralentizó. Ella estaba sentada sobre una especie de roca-adorno extraño que había allí, con el vestido cayendo por ella, la luz de la luna la alumbraba, todo era increible como de una película, y si es de película no podía fallar, esa iba a ser la noche de mi vida. Del fondo del patio se acercaron dos chicas más que le decían algo, pero ella las ignoraba, sólo me miraba a mí, y yo sólo a ella. Ya estaba todo decidido, habíamos tirado los dados y sólo quedaba que el master narrase consecuencias. Y vaya si las narró.

De detrás de mí apareció el colega de la boda. Dando tumbos y borracho, gritó “Hombre niño! Ahí estás! Te estaba buscando… ooo… estás en buena compañía, esas son las que te vas a follar esta noche a que sí!!! ole ole y ole por mi niño, folla a lo grande no nos dejes en mal lugar eh!!!! a por ellas, que griten como perras!!!”. Las elfas me miraban a mi y a el alternativamente con la boca abierta. Yo pensé “…dios… cómo sales de esta… haz como que no lo conoces, será lo mejor…” y como vi una puerta al fondo del patio, no me detuve donde las elfas, sino que seguí andando hacia allá para hacer como que yo iba hacia allí desde un principio y escaquearme del lío. Total, crucé el patio sin prestar atención al que venía detrás, (¿o no? no oia sus pasos, a saber…), llegué a la puerta, la abrí, entré e inmediatamente la cerré tras de mí. Me apoyé en la puerta y di un largo suspiro. ¡Joder qué mal había ido todo, si ya la tenía en bandeja! Me deprimí activamente y me di la vuelta para mirar qué había en aquella habitación.

Lo primero que vi era una elfa preciosa en tanga, con ligueros y medias. Me quedé mirandole los pechos un rato, no por enfermo sexual sino porque los miraba preguntandome “…eso no son tetas… que es eso… donde estoy… donde me he metido… no puede ser…” pero si lo eran, dos tetas como dos carretas. La elfa en cuestión también tardó un ratito en reaccionar. Me miraba boquiabierta. Cogió su vestido, que estaba allí apoyado y se cubrió y empezó a gritar. Otras dos chicas aparecieron en escena. Al parecer me había metido en los aseos femeninos y a saber qué coño estaban haciendo las elfas allí dentro, pero se lió la de barrio sesamo. Me puse muy nervioso y lo primero que hice fue darme la vuelta pa salir de allí, pero la puerta estaba cerrada así que me metí una ostia contra ella y me volqué los dos cubatas en lo alto, abrí la puerta y justo ahí estaba la elfa que yo había querido ligarme. Se quedó muy quieta mirandome, mirando a la que se tapaba, tratando de comprender. Le dije “¿Quién iba a decir que esto era un aseo femenino, ¿eh? JAJAJAJAJ” y me enseñó un cartel ENOOOORME que ponía “ASEOS FEMENINOS” en la puerta. Entonces pasé del rojo sangre al rojo granate. Y pensé “vale, ya no puedes hacerlo peor, ahora lo mejor será que huyas de aquí, busca un sitio seguro donde no haya nadie, metete tres o cuatro cubatas y tranquilizate…” pero no había empezado a andar cuando apareció de nuevo en escena el mismo tio de siempre, que apareció al fondo gritnado “eeehhh con cuatro a la vez, ese es mi niño!!! OLE OLE!!!!”

Me fui hacia el, lo cogí del brazo y lo llevé a la barra libre, le puse en cada mano un cubata y lo senté en una silla, le convencí de que justo por ese sitio iba a pasar una miss de un momento a otro, así que no volvió a liarla más en el resto de noche. Yo, en cuanto pude, me volví a casa. No volví a saber nada de aquellas elfas, ni en el resto de la noche ni en el resto de mi vida. Una verdadera pena… pero bueno, lo cierto es que ahora que ha pasado tiempo, me río xD

Publicado en  on 25 Junio, 2007 at 7:03 pm Comentarios (3)

Vete de mí.

Fuera. Vete. Sal de mi cabeza. Llevas mucho más tiempo del estrictamente necesario aquí dentro y ya no quiero seguir ocupando neuronas en lo que no merece la pena. Odio verte sonriendo cada vez que cierro los ojos. Lo que antaño me llenaba de alegría se torna hoy desespero; me pone histérico pensar que no puedo dominar mi propia cabeza.

A veces uno no puede luchar contra las decisiónes externas, te envuelven y tiran de la cuerda, lanzandote a una rotación ediablada. El paisaje pasa a toda velocidad y aun guiñando los ojos uno no sabe muy bien qué ocurre, está demasiado ocupado agarrándose el corazón y sintiendo que todo se le va. A veces, lo exterior te domina hasta tal punto que controla tu vida. Lo que no estoy dispuesto a controlar es que el trompo haga girar también el interior por más tiempo. ¡Sal de aquí! Si no escuchas la orden haz caso al ruego.

Es una tortura. Una tortura que soy consciente que no es especial ni única, todos hemos pasado muchas veces por ella. No por ello es menos terrible. Necesito controlar mi propia mente, al menos eso… ya que con mi vida no puedo hacer mucho. “El peón del Caos es marinero de los mares del destino” (Michael Moorcock).

No quiero  que domines mis pensamientos, mis sueños, no quiero que tu imagen viole la intimidad del interior de mi cabeza. Quiero libertad para vivir con aspiraciones y sobre todo con ilusiones. Quiero que abras la mano de una maldita vez y me devuelvas ese trozo que te quedaste. Desoí la experiencia pasada, caso omiso a los precedentes, me lancé al vacío y te lo di. Pero ahora lo necesito. Para seguir viviendo.

Lo que más me hunde es saber que ni siquiera tienes la culpa.

Si me sigue dando vueltas la cabeza voy a volverme loco… Demasiado tiempo, esto es absurdo…

Publicado en  on 23 Junio, 2007 at 3:48 am Comentarios (2)

Malditos Piratas!!

He aquí una animación (.gif) que me ha parecido genial. Habla sobre la SGAE, y tiene como protagonista a nuestro queridísimo Guybrush Threepwood. (Ver la animación).

El autor es anónimo ya que como explica al final de la misma, no quiere ser demandado o extorsionado. Lo entiendo. De cualquier forma, mi grito se suma al suyo. Entre todos podemos con ellos.

Publicado en  on 21 Junio, 2007 at 6:59 pm Dejar un comentario

Casting para Mars500

Leo en Barrapunto que los rusos proponen un casting en plan GH, para encerrar durante 500 días a cinco personas en un recinto sin comunicación con el mundo exterior, sin duchas, alimentándose de tubitos malignos de esos con sabor a pollo, con pruebas médicas y falsas emergencias… en previsión de un posible viaje a Marte, para hacer pruebas y demás.

Al margen de lo difícil que pueda ser completar una experiencia como ésta (casi año y medio encerrado, al margen de la humanidad), personalmente me encantaría y creo que me haría mucho bien algo así. Es lo que necesito. Lástima que demasiadas cosas me atan a esta vida (la familia sobre todo), y proponer siquiera eso en casa acarrearía tantísimos problemas que no se yo si la cura es peor que la enfermedad. Pero me gustaría. Desparecer. Huir quizá. Alejarme de toda esta mierda… dentro de año y medio nada será como ahora… el mundo habrá cambiado, mi entorno habrá cambiado y yo habré cambiado.

Joder cómo me gustaría.

Publicado en  on at 2:13 pm Comentarios (1)

Crónicas de los Viajes del Friki: El Autobús, la Avispa y la Piscina. (II de II)

(Continúa la primera parte )

Me llevaron a la casa, donde pude ducharme y me dieron un botiquín para que me curase bien la herida. Después cogí una cerveza helada, me pegué un baño en la piscina y jugué largo rato a la playstation. Oh, sí. Eso era vida. Como haber muerto en el camino y haber ido directo al cielo. Lo que ocurrió en aquella casa durante todo aquél día y su noche también tiene tela, pero es otra historia y merece ser narrada en otra ocasión.

Amaneció el domingo, e iba a ser un gran día porque llegaba la chica con la que yo estaba saliendo en aquella época. Estaba de muy buen humor, y pasé la mañana feliz. Desayuné un par de whyskys on the rocks, hice mis deberes jugando un rato a Puzzle Fighter (grandísimo juego que os recomiendo) y me tiré a la piscina a bucear un rato. Mientras recorría el fondo de la misma, al fondo vi dos pies desnudos a los que seguían dos piernas blanquitas y un bañador. Salí del agua y allí estaba ella. Me alegré mucho de verla y pasamos un buen rato juntos dentro del agua.

Cuando ella me dijo de salirnos, bueno… ¿cómo explicarlo sin que suene aún más violento de lo que ya era? Cuando un hombre abraza a una mujer en el agua, a veces algo despierta en su interior; pero lo realmente embarazoso es cuando algo despierta en su exterior. Yo la llamaba Decker, como a las taladradoras. En honor de una vieja película (“Las Aventuras de Ford Farlaine, el detective rocanrolero”, ya estáis pidiendosela al tito eMule). Así que me inventé alguna excusa inocente para que me esperase fuera, que yo quería nadar un ratito más. Casi todos estaban dentro, a excepción de un par de elfas y uno de los dos colegas que me habían estado esperando el día anterior. Nadé, buceé, y traté en vano de pensar en cosas horribles y nada sensuales, pero como en “La invasión de los ladrones de mentes” (próximamente remake con Daniel Craig y Nicole Kidman) mi cerebro no me pertenecía. Nunca me ha pertenecido enteramente, de hecho.

De repente, hubo algo que me distrajo de toda la entropía psicológica que me rodeaba: vi a una avispa ahogándose. ¡Aja! Mi venganza estaba servida. “Hermanita”, le dije, “¿quién ríe ahora? Lo de ayer estuvo muy mal, traté de ser amable y me lo devolvísteis con un ataque en toda regla, y ahora estás aquí, agonizando”. Mientras la miraba ahogarse algo se removió en mi interior. No se, sería la gilipoyez congénita que tengo. El caso es que cambié de idea. “Hermanita”, le dije, “voy a enterrar el hacha de guerra. Puedo hacerlo ahora. Vamos a llevarnos bien. Te voy a salvar la vida”. Dicho y hecho, junté mis manos y cogí con cuidado la avispa, que se revolvió un poquito pero no me picó. Sonreí y me acerqué al bordillo con las manos sobre mi cabeza. Nade con las piernas hacia arriba, y pegué el cuerpo a la pared para poder depositarla con cuidado fuera del agua. Y de repente, en este movimiento, el cielo se tiñó de rojo, todo se oscureció, se escuchó una explosión y un dolor agudo me recorrió los genitales subiendo o por el estómago. Sentí que la vida se me iba, que la Tormentosa me succionaba el alma con una fuerza digna de Atlas.

Aquí debo hacer un inciso y hablar del agujero de la depuradora que tenía aquella piscina. De unos diez centímetros de diámetro, filo cortante, oscura, y con una fuerza succionadora que haría palidecer a todo el reparto de “Garganta profunda”, aquello no era un agujero de depuradora sino la encarnación en nuestro mundo del mismísimo Sarlack, deus ex machina, y deus está cabreao.

Sarlack chupaba con toda su fuerza, habiéndose hecho el vacío en el interior del agujero al estar totalmente obstruido por mi entrepierna. La fuerza era tal que mi cuerpo se quedó suspendido sujeto sólo por los genitales, con los pies bailando en el agua y los brazos por encima de la cabeza. Mi alarido hizo retumbar los cimientos del mundo, y rápidamente empezó a llegar gente de todos sitios asustados por la explosión y el grito. Abrí los brazos cual jesucristo crucificado (al menos a él le dejaron los cojones en paz) y la avispa voló al cielo, en un gesto que mi cerebró archivó para comparar más tarde con la actuación de Rutger Hauer en “Blade Runner”. El dueño de la casa, uno de mis mejores amigos en aquella época, se agachó y me dijo “¡¡¡hijo puta!!! ¡¡¡la depuradora!!!”. El Nuar, otro, desde el suelo en el que se revolcaba despoyándose vivo, gritaba “¡¡¡cabrón deja de follarte la depuradora!!!”.

Finalmente, viendo que la gente estaba demasiado ocupada sujetándose los abdominales por no poder para de reír o mirando si la depuradora seguía viva, hice acopio de toda mi fuerza de voluntad y empujando con piernas y brazos la pared conseguí despegar mis cojones de aquellas fauces con aspiraciones de actriz porno. De un salto salí de la piscina y corrí por el borde y por toda la casa con el bañador bajado, acariciándomelos sin poder creer que aún siguieran ahí los tres, que ninguno estuviese fuera de combate, riendo histérico y terriblemente contento. Lo que ocurrió más adelante es otra historia y merece ser narrada en otra ocasión.

Ésta es una de las miles de tribulaciones que he vivido a lo largo de mi vida, a las que suelo recordar con cariño bajo el nombre de Frikistorias. Quizá os narre alguna otra, otro día que vuelva a apetecerme. Por el momento quede aquí inmortalizada ésta, ya que aunque traté de mantenerla en relativo secreto (sólo los más cercanos), hará unos dos años conocí a una elfa que por cierto estaba muy buena, y contándonos historias extrañas acabó narrandome ésta. “Esto le pasó a un amigo de un amigo de un amigo”, me dijo. Me costó mucho recuperarme de aquello, pero mantuve el tipo y por supuestísimo no le dije que fui yo. Hoy en día ya creo que da igual, cuando uno toca fondo pocas cosas importan, y al menos servirá para arrancaros a algunos una sonrisilla… y eso merece la pena, siempre.

Dedicada, con mucho amor, a mis cojones. Que siempre han estado ahí, y me han acompañado en todos los momentos de placer, de dolor y sobre todo de inactividad sexual, que es lo que más abunda.

Publicado en  on 19 Junio, 2007 at 4:58 pm Comentarios (3)

Crónicas de los Viajes del Friki: El Autobús, la Avispa y la Piscina. (I de II)

Hoy os voy a narrar la primera parte (de dos) de una historia que me ocurrió hace mucho. Allá va una de mis míticas Frikistorias. Disfrutadla.

Érase una vez, hace ya mucho tiempo, yo. Más joven, con melenas, con novia, con ganas de marcha y con 2º o 3ºBUP terminado (no recuerdo el año exactamente, pero por ahí andaría), allá por finales del mes de junio más o menos. Ésta es la historia de un héroe que combatió a las fuerzas malignas y violentas, que viajó solo por duros senderos para alcanzar la gloria, y que finalmente cayó, heróicamente por supuesto, en uno de esos trágicos finales que hacen que el resto de la historia merezca la pena. Nadie se acordaría de lo que hizo William Wallace si hoy por hoy aún siguiera vivo. De hecho nadie pensaría en ninguna otra cosa que no fuera analizar su dieta y sacarle muestras de sangre.

La historia empezó un viernes. Habíamos quedado unos cuantos para ir a pasar unos días a un pueblo, en la casa de campo de un amigo. Saldrían en el último autobús de la tarde, pero yo no pude acompañarlos en ese momento porque estaba montando un cortometraje en Canal Sur (aquellos eran los buenos tiempos), así que les dije que cogería el primero de la mañana del sábado. Total, me perdería una noche. La verdad es que aquella noche que pasé en Sevilla pasaron bastantes cosas, pero esa es otra historia y deberá ser narrada en otra ocasión. Bastará decir que el sábado por la mañana, yo estaba duchado y con una maleta en la estación de autobuses, subiéndome en el que pasaba por Castilblanco, el pueblo donde los demás llevaban ya muchas horas liándola.

La cosa ya empezó mal, porque debido a los acontecimientos de aquella noche, aún no había arrancado el motor el bus cuando yo ya me había quedado dormido, tumbado en dos asientos. Tuve un sueño precioso, erótico. Bastante inapropiado para dormir en público, aunque afortunadamente nunca supe si hablé en sueños o algo peor. Me interrumpió el sueño el conductor, quien se puso a darme golpecitos en el hombro y a decirme “eh, chaval, despierta! ¡hemos llegado!”. Bostecé, le agradecí que me despertase, y cuando me fui a bajar del bus vi un cartelito que ponía el nombre del pueblo. Lo lógico sería poder decir que ponía “Castilblanco”, pero mi vida siempre se ha caracterizado por las bromas pesadas. Estaba en otro sitio, no recuerdo ahora el nombre. Hablé con el conductor, y me dijo que efectivamente ese bus pasaba por Castilblanco, pero que ya lo habíamos pasado hacía nosecuantos km. y que no tenía uno de vuelta hasta por la noche. Oh, bien. Genial.

Era el típico pueblo cuya media de edad sobrepasa los 80 años, y las diversiones se dividen entre matar el tiempo en la tasca (ellos) o sentarse a hacer punto en la puerta de casa (ellas). Notaba cómo me miraban y murmuraban entre ellos. Imagino que dirían algo así como “oh, pobre chaval, ¿qué hace aquí?” aunque en mi mente podía oír cosas mucho menos agradables, como “mmm… sangre fresca…”, supongo es el tipo de gente que nunca bebe… vino. Afortunadamente, el conductor acabó apiadándose de mí y me llevó con el autobús al pueblo de Castilblanco, de favor.

Lo malo es que yo no iba al pueblo en sí, sino a una urbanización cercana al pueblo, que no recuerdo la distancia ni el nombre, pero estaba a unos cuantos kilómetros. En fin, lo peor había pasado. O eso creía yo. Tenía ante mí kilómetros de carretera, un sol de mediodía que parecía empeñado en querer derretir el asfalto y una resaca que me hacía temblar hasta los dedos de los pies. Jódete John McClane, en andalucía tenemos más cojones.

Compré dos litronas frías. Una me la bebí entera en el mismo establecimiento, y la otra la abrí y empecé a caminar dandole pequeños buchitos para mantener el cuerpo hidratado. La carretera subía y bajaba colinas constantemente, así que no pasó mucho tiempo hasta que a mi espalda se perdió de vista el pueblo. Hacia delante no se veía nada por la misma razón, y a los lados un mar de trigo que se perdía en el horizonte. Sería bonito decir que el viento los mecía… pero no había viento. Ni siquiera pájaros. Sólo el sol, ardiente, que te taladraba la cabeza poco a poco, calentándola, parecía susurrar “tranquilo, tenemos todo el tiempo del mundo”. Era como la tortura china pero de elemento fuego.

Pasado un buen rato, me di cuenta de que una avispa volaba a mi lado. En línea recta, me acompañaba en el lento caminar. Seguí bebiendo y agoté la segunda botella. Aún no se muy bien por qué, empecé a hablarle a la avispa. “Hermanita”, le decía, “los dos seguimos el mismo camino… si quieres posate en mí y así no tendrás que batir las alas”. Acerqué mi mano a ella con un dedo extendido, para que se posase y descansara un poco. Ella se acercó a mi dedo, se posó, y me pegó un picotazo. Grité más de terror que de dolor, porque soy alérgico a la picadura de las avispas. Intenté luchar contra ella usando la botella como arma, pero era considerablemente más rápida que yo. Me esquivaba y embestía, sin llegar a picarme por segunda vez gracias a la ropa que llevaba puesta. Salí corriendo con la esperanza de poder huír, pero no servía de nada. Finalmente se cansó y voló lejos de mí.

Me caí al suelo sudando, con la botella aún en la mano y me miré la picadura, que empezaba a hincharse considerablemente y a tener un color extraño. Si no me curaban eso muy pronto en un médico, la reacción alérgica podría dejarme en el sitio. Miré a la carretera, pero desde que salí del pueblo no había visto ningún coche, y por supuesto no iba a ser ahora cuando pasara. Recordé lo que había visto en un documental del discovery channel hacía un tiempo, y decidí que era lo único que podía ayudarme, al menos para poder aguantar un poco más. De un mordisco abrí la herida, y empecé a chupar la sangre y a escupirla, para eliminar el veneno o lo que sea que inyecta el puto insecto del averno. Empezó a sangrar a lo bestia, así que cuando quedé satisfecho con la sangre extraída me lo vendé con un calcetín.

Entre el sol, la cerveza, la resaca, la sangre y la avispa tenía un mareo considerable. Volví a caer al suelo, pero me recompuse y seguí andando, muy poco a poco, con la sensación de que en cualquier momento caería definitivamente. Tenía una novia a la que quería, una familia, amigos… no quería morirme sin volver a verlos, y aunque fuese poco probable que pasara en mi mente esa sensación era muy real. Un paso tras otro seguí como pude hasta después de un tiempo que se me hizo eterno vi a lo lejos la urbanización. En la puerta, dos tíos sentados. Cuando me acerqué lo suficiente vi que eran dos amigos míos, que estaban descojonándose. Unas horas más tarde me enteré de que me habían estado viendo desde lejos (con un telescopio creo recordar) y que lo que ellos habían presenciado es cómo blandía una botella de cerveza contra un enemigo imaginario y encima perdía la batalla. Qué cabrones, ellos descojonándose vivos y yo sufriendo por mi vida. En fin.

(…continuará) .

Publicado en  on at 3:33 am Comentarios (1)

Bomba atómica en la República Checa

Leo en www.elpais.com que el grupo de piratas informáticos Zhotoven ha intervenido los sistemas de una cadena de tv para meter la imagen de una bomba nuclear durante los informativos, en principio como forma de mostrarle a la gente que no deben creer todo lo que ven en la tele… pero joder, más de uno habrá entrao en shock al ver eso. Aquí tenéis el link, con más información y el video (a la derecha).

Al margen de que ésto sea ilegal, de que haya podido asustar más gente de la que haya advertido realmente… etc… joder, a mí éstas cosas me gustan. Es una forma genial de difundir su mensaje, enseñando exactamente por qué no deben creerse lo que ven en la tele. Y además, como espectador debe ser todo un shock ver eso en el telediario… de todas formas dudo que durase más de un minuto antes de que alguien de la cadena salga informando de qué ocurre realmente. En fin, juzgad vosotros mismos xD

Publicado en  on 18 Junio, 2007 at 6:16 pm Dejar un comentario

Cowboys vs Aliens

Hoy he tenido un sueño. Y digo hoy porque me acosté al amanecer y me he levantado a mediodía. Soñé que un platillo volante (en forma de ferrero rocher plateao) se estrellaba contra el pub que tiene un amigo. Al cabo, pasaba yo paseando cerca y me encontraba a su padre, vestido de vaquero, de pie ante la entrada, con las dos manos en la cadera junto a las culatas de madera de sándalo de sus dos pitolas de seis balas. El sombrero a la espalda, los flecos del pantalon ondeando al viento y la mayor cara de mala leche que he visto en mi vida desde la declaración de amor de Popeye con un ojo guiñado y la pipa.

- ¿Pero tú que haces así vestido?
- Es mi bar. Y los aliens lo han tomado.
- ¿Y ese acento mexicano?
- En realidad soy un proscrito mexicano. Llevo treinta años retirado. Y hoy me han tocado los cojones. Cuate.
- ¿Vas a matarlos?
- Por supuesto. Además, matar aliens no es delito. Son monstruos.
- Ostia es verdad.

Y tras esta conversación desenvainé el espadón que llevaba a la espalda y desenfundé una uzi (por lo que se ve, ambos llevaban ahí todo el tiempo) y me metí con él en el pub, en lo que fue la mayor orgía de destrucción, sangre y acción que mi pobre cerebrito tiene constancia en 25 años de comics, cine y dibujitos animados. Joder, si pudiesen pasarse los sueños a dvd, Joel Silver me lo compraría seguro.

Me encanta tener sueños de este tipo, porque uno abre los ojos liberado, feliz, frikado y tremendamente relajado. Esta noche he agotado la cuota de violencia de la semana. Veremos cuál será la próxima.

PD: Me habría encantado poneros “Ready, Steady, Go!” de L’Arc-en-ciel acompañando esta historia, pero no se qué le pasa a Goear.com que no me va.

Publicado en  on 15 Junio, 2007 at 7:13 pm Comentarios (1)

Sorpresas de cine

Esta noche me he visto dos películas (relativamente seguidas, con un descanso de hora y pico jugando al rol). Fui al videoclub y me traje dos películas que quería ver, más una para mi hermana, que aún no he visto. Y lo que me ha sorprendido es que ninguna de las dos ha resultado ser lo que esperaba… ni por asomo. No es que sean mejores ni peores, simplemente son otra cosa.

La primera es Apocalypto (Mel Gibson, 2006). Me la vendieron como un retrato de la civilización maya, histórica, realista… y es lo que esperaba ver, una película que me hablase un poco sobre ese tema, del que estoy más pegao que los álbumes del goku de cuando era chico. Y bueno, al principio (no se los tiemos con exactitud, quizá una media o tres cuartos de hora) eso parece. Pero inmediatamente Mel Gibson te guiña un ojo y te dice hey, ahora viene el prestigio y la película se transforma. ¿Para mejor o para peor? Bueno, no lo se. Lo cierto es que se convierte en una película de acción de los 90 (Van Damme, Schwarzenneger, Stallone… estarían orgullosos del tito Gibson). De hecho me recordó mucho a Blanco Humano o incluso Depredador (salvando las distancias). Tenemos al prota, un indio frikao. Y los malos, una partida de caza que tiene que trincarlo y cargárselo. Como escenario todo un bosque en el que ha crecido el prota. Como armas… lo típico: mazas, cerbatanas… Lo demás os lo podéis imaginar: carreras, combates, música a base de percusión (bastante buena por cierto), acción trepidante y unos cinco minutos totales de diálogo en todo el film. En realidad me ha gustado mucho, por la tontería de que me ha recordado mucho a esos viejos tiempos, a esas películas tan pasadas de moda (el prota no lleva melenita ochentera, pero a cambio es un poquito mejor actor). Pero ha sido una sorpresa, porque sigo sabiendo exactamente lo mismo de antes sobre los mayas: nada de nada.

La otra es Gwoemul (The Host, Joon-ho Bong, 2006), que alquilé pensando que sería la típica peli de miedo con monstruo, al estilo Alien, Depredador, The Relic… Y bueno, sí, en cierto modo así es. La película empieza con una secuencia de casi dos minutos en la que te explican que hay un científico malo violento que tira vertidos tóxicos a un río, lo que prooca que un ratito después aparezca en un puente cercano a un parque de la ciudad un bicharraco la ostia de grande, con mala leche, mitad pescao mitad dragón de plutonio, cabreao, hambriento, tomándose muy en serio su papel de malo de la película. Aún no ha pasado ni un cuarto de hora de película y ya tenemos al bicho, a plena luz del día, corriendo por un parque lleno de gente arrasando con lo que pilla por delante, y eso me gustó. Ostia si me gustó… Casi tuve un orgasmo al pensar en el ritmo frenético que tiene la película, las cartas sobre la mesa (nada de sugerir una sombra en un lugar oscuro… bicho en primer plano haciendo de las suyas)… la cosa sigue con que el bicho se lleva a una niña, y el padre, el abuelo y los dos tíos (tío y tía) de la niña se arman y van de caza a rescatarla. Hasta ahí, de lujo que te crujo. Lo malo es cuando el director se toma dos o tres combinados para pijos y de repente se le ocurre que una película suya tiene que ser algo más, tener mensaje, ir más allá… y empieza a meterle cosas. Que si una crítica a la política estadounidense, que si tramas secundarias, que si análisis médicos por un tubo, que si el gas amarillo… el ritmo decae, la caza toma tal lentitud que por momentos no pude evitar preguntarme si la niña tiene qué comer en ese tiempo, etc… La película se transforma, como ocurre en Apocalypto, y el resultado es otra cosa muy diferente de lo que esperaba. Sí, me ha gustado mucho, por la forma en la que enfocan esta historia (que empieza como la típica de toda la vida pero la cuentan profundizando en otros temas) y sobre todo por algunas escenas que mi lado friki siempre agradece (la escena inicial en el parque, la caza junto al río, la escena cuando la niña quiere huir, la escena final con flechas de fuego y protagonista frikao con la barra de hierro…). Es a ratos comedia, a ratos terror, acción, aventuras, drama, crítica… Ojalá hubieran quitado todo el contenido político y se hubieran centrado en la caza… se habría convertido en una de mis películas favoritas de este género.
Ver éstas películas me ha dado que pensar. La caza. Je. El sueño húmedo de todo friki. ¿Qué pasará el día que Sevilla se vea atacada por ejércitos orcos/zombis/monstruos/demonios/fantasmas/…? Algunos de nosotros hemos dedicado un cuarto de siglo a prepararnos (mentalmente, porque físicamente…) para ésto. Cuando llegue el día, tenemos los medios y tenemos la motivación. La ciudad está a salvo. Si las invasiones enemigas fantásticas son la enfermedad… Sevilla está llena de vacunas.

Por cierto que a algunos os interesará saber que Indiana Jones se estrena allá por agosto de 2008, SIN Sean Connery. El título provisional es Indiana Jones and the Gold City, cosa que me recuerda a una de las aventuras más famosas de Quatermein. Veremos con qué nos encontramos…

Publicado en  on 14 Junio, 2007 at 9:55 pm Dejar un comentario

La elfa del autobús

Ayer fui a la facultad sin dormir. Llevaba despierto desde la mañana anterior (en un día jevi metal que incluía hospital, cocinar pa un huevo de gente y estudiar el examen que tenía al día siguiente) y cuando me monté en el autobús la verdad es que ya estaba que me caía. Me sujeté como pude y traté de mantener los ojos abiertos recordándome que ningún héroe vencía en ninguna batalla quedándose dormido a la mitad. Es más, si la batalla fuera contra Krueger me iban a meter la bomba h como sonda anal.

De repente, mientras cavilaba sobre cuestiones tan trascendentales como el lugar donde comprar el mejor chocolate negro para cocinar, mi sentido arácnido se disparó. Sentía en la cara ese calor, esa sensación que te dice que alguien te está mirando fijamente. Esa mirada era tan intensa que viajaba por el aire, llegaba hasta mí y me daba toquecitos en el hombro. Me giré a ver quién osaba perturbar mi tranquilidad y allí, a un metro y medio de mí sentada, estaba una de las chicas más increíbles que he visto. Piel morena, ojos almendrados, pelo negro liso, y los segundos labios más sensuales que he visto en Sevilla (el primer puesto lo ostenta una amiga). Su fisonomía general me recordaba a Rosario Dawson y en mi interior pasaron rápidamente imágenes de ella vestida de cuero en Sin City y totalmente desnuda en Alexander. Wow.

La miré fijamente yo también durante unos segundos que parecieron horas, y ella desvió la mirada a la ventana. Me fijé en sus mejillas, si se sonrojaba sacaría los tanques a la calle. Pero no lo hizo. Pasados unos segundos volvió a mirarme de la misma forma, y entonces ya me empecé a preocupar. ¿Quizá tenía algo en la cara? Con disimulo me acerqué a una ventana para mirarme y me acaricié el rostro en busca de algo… no vi nada. Ella seguía mirandome, y me estaba empezando a poner nervioso. Lo de ser guapo es algo que le ocurre a otras personas, así que las probabilidades de que fuese por eso quedaban totalmente descartadas. Fui fijándome en el resto del autobús lleno de gente, y nadie parecía mirarme así que imaginé que mi cara estaba bien, sin manchas ni nada raro.

Durante casi todo el viaje en autobús hasta tráfico, que fue donde se bajó, continuó el juego de miradas. Le dediqué alguna sonrisa por ver cómo reaccionaba más que nada, pero no surtió ningún tipo de efecto. Era bastante perturbador. Al final se bajó sin más, y vi como se alejaba paseando por la acera. Yo fui a mi examen y todo terminó ahí. Pero por alguna razón, se me ha quedado en la mente, al menos por ahora.

Elfa del autobús, si lees esto mandame un email. Dejame ser Alejandro por una noche.

Publicado en  on 12 Junio, 2007 at 5:07 pm Comentarios (4)